DiariodeMorelos.com

JUGANDO CON LA MUERTE CON LA MUERTE

(SEGUNDA PARTE DE TRES)

JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN jmperezduran@hotmail.com

Algunas de las criptas estaban destapadas, y ausentes las tapaderas de cantera rosada en el cementerio vertical ubicado enfrente de la Alameda en la ciudad colonial de Zacatecas, donde transcurrió mi niñez. Hacía muchos años que el camposanto se hallaba en desuso, ruinoso y abandonado. Sin embargo, a los niños de entre diez y doce años de la calle García de la Cadena, cercana al Parque Independencia, nos encantaba ir a jugar en el laberinto de tumbas para buscar la cueva que se decía existía en la colina de junto al panteón, pero nunca pudimos hallarla. Nos divertíamos, no nos daba miedo. Un poco impulsados por la emoción del misterio y otro tanto acicateados por la curiosidad, nos introducíamos en la fila de tumbas del primer nivel que estaban a ras del suelo, gateando entre polvo y pedazos de cantera rosa, inalcanzables para nuestra estatura enana los orificios rectangulares de las criptas del segundo nivel. Las incursiones eran luego de la comida, a veces íbamos cuatro, otras seis y hasta ocho escuincles, dependiendo de a cuántos nos daban permiso, o de quiénes conseguíamos escapar de la vigilancia paterna.

El viento soplaba lastimero en las tardes de otoño, frías, grises. Entonces pensábamos: “¿será que los difuntos están tristes?”. Hablo de fines de los cincuenta, y del Panteón de Chepinque o Chipinque, como se llama el lugar del relato. Ahí fue sepultado el político liberal jerezano Francisco García Salinas, en 1842. Sólo nueve años antes había aparecido la pandemia del cólera morbus o asiático, que en julio de 1833 mató en Zacatecas a alrededor de 12,000 personas. Aquella fue una época de tristezas que en cierta forma hacía recordar los pedazos de lápidas del siglo XIX que se hallaban incrustados en el edificio del PRI zacatecano, cimentado en los terrenos del extinto Panteón del Refugio y construido provisionalmente para la gente pobre que moría por la peste del cólera. En la Ciudad de México, donde se calcula que perdieron la vida poco más de 19 mil personas, el político liberal Guillermo Prieto describió escenas apocalípticas: “Las calles silenciosas y desiertas en las que resonaban a distancia los pasos precipitados de alguna persona que corría pidiendo auxilio, las banderolas amarillas, negras y blancas que servían de aviso de la enfermedad, de médicos, sacerdotes y casas de caridad; las boticas atestadas de gente, los templos con las puertas abiertas de par en par con luces de velas en los altares, la gente arrodillada con los brazos en cruz y derramando lágrimas. A gran distancia el chirrido lúgubre de carrozas funerarias y los panteones que rebosaban cadáveres”…

Por cierto, en Cuernavaca el Panteón de la Leona data de mediados de los ochenta del siglo antepasado, habitado por muertos célebres como los gobernadores Manuel Alarcón y Vicente Estrada Cajigal, el diputado Domingo Diez Ruano y el futbolista Agustín “Coruco” Díaz. El 2 de noviembre de 2021, el Ayuntamiento cerró los cementerios de La Paz, en Chipitlán, de Acapantzingo, Teopanzolco y más. Sucedió por la pandemia del covid-19, cuando sólo se permitió el acceso a los panteones para inhumaciones y pagos de cuotas de mantenimiento. Aquí, el coronavirus acabó con las vidas de unas seis mil personas… (Me leen mañana).

Las opiniones vertidas en este espacio son exclusiva responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, la política editorial de Grupo Diario de Morelos.

COMUNIDAD

es-mx

2026-11-04T07:00:00.0000000Z

2026-11-04T07:00:00.0000000Z

https://publicaciones.diariodemorelos.com/article/281590952583159

Diario Morelos